Seguramente has escuchado que agosto es “el mes de las oportunidades”, y que aprovechar una buena racha es “hacer su agosto”. Pero, ¿de dónde viene esa expresión? Y más importante: ¿cómo la hacemos nuestra, como emprendedores, todos los meses del año?
La frase nació en las economías agrícolas de siglos pasados. Agosto era el mes de la cosecha, ese breve periodo en que los agricultores concentraban buena parte de las ganancias de todo el año. Un mes de trabajo que definía los otros once.
Ahora bien: ¿y si pudiera identificar, dentro de mi propio negocio, cuáles son esos clientes o esas oportunidades que —como la cosecha de agosto— concentran la mayor parte de mis resultados? ¿Y si pudiera “hacer mi agosto” durante todo el año, en lugar de esperar a que llegue solo?
En este artículo hablaremos de qué es la Ley de Pareto y por qué sigue siendo tan cierta más de un siglo después. Te ayudaremos a identificar ese 20% de tu negocio que concentra la mayor parte de tus resultados, y a decidir con criterio qué hacer con el otro 80%.

¿Qué es la ley de Pareto y de dónde viene?
La ley de Pareto sostiene que una pequeña porción de las causas (20%) puede explicar la mayoría de los resultados (80%). Su origen como teoría se dio con Vilfredo Pareto, un economista italiano que, al estudiar la distribución de la tierra en Italia, descubrió que el 80% de la propiedad estaba en manos de apenas el 20% de la población. Y cuando revisó otros países, el patrón se repetía una y otra vez.
Décadas después, otros teóricos se basaron en su observación para explicar distintos fenómenos económicos, hasta que el ingeniero Joseph Juran la llevó al mundo empresarial. Al analizar procesos de manufactura, notó lo mismo que Pareto: una pequeña porción de causas explicaba la mayoría de los resultados — buenos o malos. Fue Juran quien le dio nombre a este comportamiento: el Principio de Pareto, o “los pocos vitales y los muchos útiles“.
Traducido a tu negocio, la idea es simple: no todo lo que haces, ni todos tus clientes, pesan igual. Hay un grupo pequeño —muchas veces más pequeño de lo que crees— que está detrás de la mayor parte de tus ventas, tus ganancias o tu crecimiento. Y hay una porción mucho más grande que, aunque ocupa tu tiempo, aporta bastante menos de lo que parece.
Esto no es una fórmula matemática exacta ni una ley que se cumpla al pie de la letra en cada negocio. Es más bien una alerta: si no sabes dónde está concentrado tu resultado, es muy probable que estés repartiendo tu energía de forma pareja entre cosas que no lo merecen por igual.
De los problemas a las oportunidades
Frente a esta regla, hay dos formas de mirar tu negocio. La primera es fijarte en todo lo que te está costando: ese 80% de clientes o tareas que te quitan tiempo y energía, pero que no se refleja proporcionalmente en tus resultados. La segunda —y la que de verdad mueve la aguja— es voltear la mirada hacia el otro lado: ¿qué tiene ese 20% que lo hace tan relevante para tu negocio?
Esto no significa desatender lo demás. Se trata de priorizar: de saber, con claridad, dónde invertir primero tu tiempo, tu energía y tu atención.
Así que empecemos por ahí. Pregúntate: ¿cuáles de mis clientes, productos o relaciones de trabajo son los que realmente están moviendo la aguja?
Vale la pena aclarar algo antes de seguir: “mover la aguja” no siempre significa “el que más me compra”. A veces el cliente que más factura es también el que más desgasta — el que pide descuentos constantes, entregas urgentes o soporte extra que termina comiéndose la ganancia. Y el cliente que factura menos, pero paga a tiempo, no exige nada fuera de lo pactado y vuelve mes tras mes, puede estar dejándote más margen real. La oportunidad no siempre está en el número más grande; está en el que mejor le conviene a tu negocio.
Cómo identificar tu 20%
La buena noticia es que no necesitas fórmulas complicadas ni un equipo de analistas para encontrar ese grupo vital dentro de tu negocio. Solo necesitas hacerte las preguntas correctas y mirar la información que, muy probablemente, ya tienes.
- Empieza por lo obvio: ¿quiénes son los clientes que te compran más frecuentemente? No el cliente que te compró un gran pedido una sola vez, hace seis meses, sino el que te ha comprado durante varios meses, una y otra vez. La constancia suele ser una señal más confiable que una venta aislada, por grande que sea.
- Luego, mira más allá de tu ingreso bruto y pregúntate: ¿cuánto te deja realmente cada cliente? Un cliente que te compra mucho, pero que negocia cada factura, pide plazos extendidos o exige atención especial constante, puede estarte dejando menos margen del que crees. Mientras que uno más discreto, que paga a tiempo y no te consume horas extra de soporte, puede ser más rentable de lo que parece a simple vista.
- También vale la pena fijarte: ¿quién te refiere a otros? Ese cliente que menciona tu negocio entre sus conocidos, o que te recomienda sin que se lo pidas, está generando un valor que ni siquiera aparece en tus reportes de ventas.
- Y, por último, pregúntate: ¿quién representa menos fricción? ¿Quién no te pide descuentos constantes, no exige condiciones especiales, y con quien la relación fluye casi sola?
Cuando cruzas estas respuestas, casi siempre empieza a aparecer un patrón: un grupo pequeño de clientes que, sin ser necesariamente los que más facturan, son los que sostienen la salud real de tu negocio. Y tener esa información organizada y a la mano —en lugar de basarte en percepciones o en quién recuerdas mejor— es lo que hace la diferencia entre adivinar y saber.

Cómo cuidar tu 20%
Una vez que identificas ese grupo, la pregunta ya no es cómo encontrarlos, sino cómo no darlos por sentado. Es fácil, cuando un cliente lleva años comprándote sin problema, dejar de prestarle atención — precisamente porque no genera fricción. Pero ese silencio no significa que no necesite nada de ti; significa que te está dando el beneficio de la duda.
Estas son algunas formas concretas de cuidar a ese grupo vital:
- Dales prioridad cuando el tiempo escasea. Si tienes que elegir a quién responder primero, a quién ofrecerle una novedad antes que a nadie, o a quién dedicarle esa hora extra de atención, ahí es donde debe ir. Piensa en la dueña de una tienda de ropa que, cada vez que llega mercancía nueva, le escribe primero a sus clientas frecuentes antes de publicarla en redes. No es un descuento ni una estrategia elaborada — es una forma de decir “pensé en ti primero”, y eso construye una lealtad que ninguna promoción genérica logra.
- Pregúntales qué más necesitan. No para venderles algo nuevo de inmediato, sino porque un cliente que ya confía en ti es la fuente más honesta de información sobre hacia dónde puede crecer tu negocio. Muchas veces, la siguiente línea de productos o servicios que deberías ofrecer no nace de una lluvia de ideas interna, sino de una conversación con alguien de ese 20%.
- No los trates igual que a todos los demás por mantener la “equidad”. Retener y profundizar la relación con un cliente que ya te conoce y confía en ti cuesta muchísimo menos —en tiempo, en dinero, en desgaste— que salir a conseguir uno nuevo desde cero. Cuidar bien lo que ya tienes no es conformismo: es la forma más eficiente de seguir creciendo.

Y el otro 80%, ¿qué hacemos con él?
Aquí es donde muchos emprendedores sienten que tienen que elegir entre dos extremos: atender a todos por igual hasta agotarse, o “soltar” clientes con culpa, como si fuera un fracaso. Ninguno de los dos es el camino. La realidad es que ese 80% no es un problema que resolver de golpe — es un grupo que necesita una atención distinta, no necesariamente menor.
Estos son algunos pasos para gestionarlo con criterio:
- Simplifica antes de descartar. La mayoría de las cuentas en este grupo no necesitan menos atención, sino procesos más simples. Si hoy le dedicas el mismo tiempo personalizado a cada pedido pequeño que a uno grande, ahí hay espacio para estandarizar: catálogos claros, pedidos por WhatsApp con respuestas ya definidas, o un canal de autoservicio. Piensa en el dueño de una ferretería que empezó a compartir su catálogo actualizado por un solo canal, en lugar de responder uno por uno “¿tienen esto disponible?” — el cliente sigue bien atendido, y él recupera horas de su semana.
- Identifica si hay potencial que aún no se ve. Algunos clientes de este grupo no son pequeños porque no tengan más para dar, sino porque apenas están empezando a conocerte. Antes de bajarles prioridad, pregúntate si hay una razón para invertir en esa relación pensando en lo que puede crecer.
- Ajusta las condiciones, no elimines la relación. Si un cliente te exige mucho —descuentos, plazos, atención especial— pero no representa un ingreso que lo justifique, no significa que tengas que dejarlo ir. Muchas veces basta con actualizar precios, fijar un monto mínimo de compra o dejar de ofrecer gratis lo que antes dabas por costumbre.
- Suelta solo cuando ya no hay ajuste posible. Si después de simplificar y ajustar condiciones una relación sigue costándote más de lo que te da —en dinero, en tiempo, en energía— soltarla no es un fracaso. Es liberar espacio para atender mejor a quienes sí están moviendo tu negocio hacia adelante. (Si en tu negocio ya identificaste el tipo de cliente que no te conviene, seguramente te va a sonar familiar la idea de “cliente no ideal” que exploramos en este articulo— vale la pena revisarlo si quieres profundizar en cómo reconocerlo desde el inicio.)

Hacer tu agosto, todo el año
La cosecha de agosto nunca fue cuestión de suerte. Era el resultado de saber, con meses de anticipación, dónde se había sembrado bien. Lo mismo pasa con tu negocio: ese 20% que sostiene la mayor parte de tus resultados no aparece de la nada — está ahí, esperando a que lo mires con atención.
La Ley de Pareto no te pide que trabajes más. Te pide que mires distinto: que dejar de repartir tu energía por igual entre todo, y empieces a invertirla donde realmente rinde. Cuidar a quienes ya te sostienen y ajustar con criterio lo demás no es una estrategia complicada — es, simplemente, dejar de adivinar.
Y para dejar de adivinar, hace falta información clara y a la mano: saber quién te compra con frecuencia, cuánto te deja realmente cada cliente y cómo se mueve tu cartera mes a mes, sin tener que reconstruirlo de memoria o revisar factura por factura. Es justo ahí donde una herramienta como Valtia hace la diferencia — no porque te diga qué decisiones tomar, sino porque te da el panorama real de tu negocio para que tú decidas con certeza, no con intuición.
Así que la próxima vez que pienses en “hacer tu agosto”, recuerda que no tiene que ser un golpe de suerte de un mes. Puede ser el resultado de saber, todo el año, dónde está tu cosecha.
Escrito por Stephanie Prieto A.
Cofundadora y Branding Specialist de Kometa Creativa.
Agencia digital, Kometa Creativa.
www.kometacreativa.com

