En muchas ocasiones nos dijeron que ser madres era una barrera para alcanzar otros tipos de éxito, ya fuera en una carrera o en un negocio propio. Y aun así, existen mujeres que admiramos profundamente porque decidieron ir más allá de lo que se suponía que “debía ser”. No es un camino fácil; es retador, exigente y muchas veces solitario. Son las mismas mujeres que vemos organizarse en medio del caos, coordinar horarios imposibles y trabajar a destiempos para no soltar ninguno de los hilos que sostienen su vida. Y aun así, continúan. Muchas han hecho de su maternidad no un obstáculo, sino una motivación: por sus hijos, y también, y esto importa, por ellas mismas.
Los números lo confirman
Cerca de 7 de cada 10 mujeres dueñas de pequeñas empresas en Colombia son madres. Lideramos el 59% de las empresas de personas naturales en el país, y representamos el grueso de ese 97,9% que son microempresas: el verdadero tejido que sostiene la economía colombiana. En casi la mitad de los hogares, somos la principal fuente de ingresos.
Lo hacemos desde los servicios, las industrias creativas, el textil, la confección, el turismo, la belleza. Nos adaptamos, incorporamos tecnología, buscamos mentorías. Y en medio de todo eso (los horarios, los hijos, la incertidumbre), no desistimos. Seguimos.
Es por esto que hoy te contamos la historia de tres negocios liderados por madres colombianas, que le apostaron a crecer en red y en comunidad, a abrir caminos y a construir con un propósito claro.

Marcela Aristizábal: de Caicedonia al mundo
Marcela nació en Caicedonia, Valle del Cauca, y creció como tantos niños de su pueblo: entre cafetales, con una energía única e inquieta. La violencia la obligó a salir de allí, y una relación abusiva la dejó con algo más que heridas invisibles: un gorro empapado de pegamento corrosivo sobre su cabeza, el cabello destruido, y una huida escondida en el baúl de un taxi.
Llegó a Medellín, se matriculó en la universidad y empezó a buscar una solución para lo que tenía al frente: recuperar su cabello. Estudió la composición química de las frutas, mezcló banano, papaya, sábila, miel, probó en sí misma, en su mamá, en sus hermanas. Cuatro años tardó en recuperar su cabellera. Y en ese proceso, sin saberlo del todo, estaba construyendo lo que sería Fruto Salvaje.
Cuando contó su historia en Instagram, el mundo respondió. Al primer día tuvo 30 unidades vendidas; ya al tercer día, decidió renunciar a la universidad de lleno para dedicarse a su negocio.
Hoy es madre de cuatro hijos: Juan Alexander, Colibrí, Inti Nawal y Alondra Manantial. Y su empresa, que arrancó con 120.000 pesos, cuenta con más de 500 empleadas directas y 1.500 Cosechadoras, mujeres cabeza de hogar que llevan los productos a todo el país. Fruto Salvaje fue construido por una mujer que sobrevivió, para mujeres que también siguen adelante.
Ha tenido que renacer varias veces. Y cada vez lo ha hecho. Como ella misma dice: “Humanizando las empresas, respetando el trabajo de los demás y enseñando lo bueno que la vida nos deja, esa es la mejor forma de aportar.”

María Paula Cárdenas y Carolina Benítez: juntas llegamos más lejos
María Paula Cárdenas no planeó ser empresaria. Era gerente de marketing, tenía una carrera sólida, y un día decidió pausarlo todo para vivir su maternidad de cerca. Fue en ese paréntesis donde descubrió algo que no esperaba: que quería construir algo propio. Su primer intento fue casi accidental, un emprendimiento de zapatos que montó pensando en su hija. Pero en el camino se encontró con algo más grande: cientos de mujeres haciéndose exactamente la misma pregunta que ella. Cómo emprender sin morir en el intento, siendo mamá, esposa, profesional, todo al mismo tiempo.
La respuesta fue crear una comunidad al servicio de las mujeres, para vivir juntas y ser plenas en cada uno de sus roles sin dejar de lado el sueño de ser empresarias exitosas. “El aprendizaje más grande es que juntas, unidas en comunidad, logramos éxitos incalculables”, dice hoy con la certeza de quien ya lo vivió. Esa misma certeza fue la que la llevó a buscar una socia que entendiera la visión: Carolina Benítez.
Carolina Benítez llegó a Mompreneurs desde otro lugar, pero con la misma convicción. Microbióloga bogotana, venía de una exitosa gestión como gerente de la empresa familiar: la cadena de restaurantes Don Benítez, cuando decidió que su siguiente capítulo sería apoyar a las mujeres que querían ser madres sin sacrificar sus ambiciones. Su experiencia en gestión humana y desarrollo organizacional fue exactamente lo que Mompreneurs necesitaba para pasar de comunidad informal a ecosistema real. “Emprender en comunidad permite que las emprendedoras logren resultados más rápidos, lo cual mejora su estado de ánimo y las acompaña en un proceso que requiere pura resistencia”, afirma.
Lo que empezó como encuentros informales creció hasta convertirse en un ecosistema real. Hoy Mompreneurs conecta a más de 15.000 mujeres emprendedoras en Colombia y Latinoamérica, y su festival anual en Bogotá reúne cerca de 5.000 asistentes presenciales. No es una conferencia más: es una fiesta del emprendimiento femenino, donde se comparten aprendizajes, fracasos y logros en un ambiente que combina formación, networking y comunidad genuina.

Tati Uribe: construir un negocio sin perderte la vida
Tatiana Uribe Montoya creció soñando con ser periodista, y eso fue exactamente lo que estudió en la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín. En su tercer semestre ya trabajaba como auxiliar comercial en una constructora, y luego como asistente de comunicaciones. Pero su verdadera historia empezó en 2013, desde su habitación, con una cámara y un blog de moda llamado Brújula de la moda.
Con el tiempo entendió que su verdadera pasión no era la moda sino el emprendimiento, y tomó una decisión que le costaría caro a corto plazo: cambió todo su contenido. Perdió muchísima comunidad — su audiencia era joven, entre 13 y 18 años, y cuando empezó a hablar de emprendimiento, productividad y desarrollo personal, muchos se fueron. Siguió de todas formas.
Al nacer su primer hijo en 2019, dictar clases se le empezó a dificultar, así que amplió su portafolio y transformó su modelo de negocio. Hoy es madre de tres hijos, esposa, y fundadora de una escuela de formación digital con cerca de 7.000 estudiantes y una comunidad de más de 700.000 seguidores en YouTube, Instagram, TikTok y Spotify.
Pero lo que la diferencia no son los números. Es lo que dice con ellos. Tati habla abiertamente de algo que pocas emprendedoras se atreven a nombrar: la culpa. Esa voz que le dice a una mamá que no está siendo suficiente en ningún frente. “No se trata de elegir entre ser una buena mamá o una buena emprendedora. Se trata de construir una vida donde ambas puedan coexistir de forma más consciente y sostenible”, afirma.
A lo largo de estos años ha compartido su camino como mujer, esposa, mamá y empresaria, mostrando que se puede construir riqueza, estabilidad emocional y plenitud sin renunciar a lo que somos. Su misión, clara y sin adornos: que construyas un negocio que se adapte a tu vida, y no una vida que se rinda ante tu negocio.
Lo que las une
Tres historias, tres caminos distintos. Una escapó de la violencia y encontró su propósito en una mezcla de frutas. Otras dos se encontraron en la pregunta que nadie estaba respondiendo y decidieron construir la respuesta juntas. Y otra aprendió que el caos no desaparece — pero sí se puede gestionar con intención.
Lo que las une no es haber tenido las condiciones perfectas. Todas emprendieron en medio del desorden, la incertidumbre y la doble exigencia de ser madres y construir algo propio. Ninguna esperó a que el momento fuera el indicado. Y las tres llegaron a la misma conclusión: que la constancia no es no caerse, sino volver a levantarse. Que trabajar en red no es un lujo, es una estrategia. Y que el caos no se elimina: se aprende a moverse dentro de él.
El negocio que se adapta a tu vida
Detrás de cada una de estas historias hay decisiones difíciles, días de incertidumbre y una capacidad enorme de reorganizarse sin soltar lo que importa. Pero también hay algo más práctico: la necesidad de que las herramientas del negocio no se conviertan en una carga adicional.
Porque una de las realidades del emprendimiento, especialmente cuando también estás criando, es que el tiempo es el recurso más escaso. Cada hora que se va en procesos administrativos, en cuadrar cuentas o en entender una factura, es una hora que no se invierte en crecer, en crear, o simplemente en estar presente. Ahí es donde Valtia entra: un software contable diseñado para simplificar la gestión de tu negocio, para que puedas enfocarte en lo que realmente mueve tu empresa, con claridad y sin enredos.
Marcela, María Paula, Carolina y Tati no llegaron donde están porque todo fue fácil. Llegaron porque supieron rodearse de las personas, las comunidades y las herramientas correctas. Tú también puedes.
Escrito por Stephanie Prieto A.
Cofundadora y Branding Specialist de Kometa Creativa.
Agencia digital, Kometa Creativa.
www.kometacreativa.com

